la buena redacción es fundamental en un abogado

“El que encuentra el lenguaje interesante, por sí mismo se distingue de quien no lo admite más que como medio de pensamientos interesantes” Nietzsche 

La redacción es un ejercicio que todo abogado debe tener incorporado a sus habilidades, esto garantiza su competencia para poder ayudar a su cliente.

Claramente distinguimos en los diferentes escritos, no solamente la manera de cómo está redactado el documento, sino también a quién va dirigido. En el caso de los documentos jurídicos, el profesional del derecho debe tener cuidado de no hacer gala de una riqueza verbal, que quizá durante su carrera le proporcionó la literatura.

Si desea que su redacción sea clara y precisa, debe abstenerse de emplear una imperiosa y elegante gama de metáforas. Lo que se plasme y exprese en el escrito, deben ser enunciados de fácil comprensión para quien los lee.

La gran mayoría de abogados no le prestan la debida atención e importancia a los aspectos formales de un documento, pero si no se presenta bien redactado, fácilmente perderá sentido o no se podrán comprender, ni entender las cuestiones de fondo.

Lo importante de toda buena redacción es tomar consciencia que la escritura debe ser el reflejo de un correcto pensamiento. Plasmar la terminología correcta, no siempre resulta sencillo, para ello hay que leer, estudiar y sobre todo practicar.

El lenguaje y el derecho son productos culturales muy próximos entre sí.

Si cerramos nuestra mente ante la realidad que existe en las palabras, no nos ayudará a mejorar ni como profesionales, ni como buenos redactores, puesto que nuestro cerebro no se ejercita. La redacción para el profesional del derecho, no debe ser visto como algún elemento opcional, sino obligatorio. La fluidez en el léxico –como en la escritura– solo se logra con la praxis.

Queda por demás recordar que los escritos y documentos jurídicos de mejor trayectoria y reconocimiento, fueron redactados por profesionales del derecho que constantemente llegaron a explorar las cavilaciones más profundas de lo que concierne al estudio de la sintaxis y la gramática, logrando desarrollar una correcta función. Empero, esta función para el profesional del derecho, no es nada fácil, sobre todo porque el abogado debe comenzar a interesarse en el lenguaje y poder enriquecerse de todo lo que le ofrece, no en vano Nietzsche decía “el que encuentra el lenguaje interesante, por sí mismo se distingue de quien no lo admite más que como medio de pensamientos interesantes.”

Pero ¿cómo es el lenguaje jurídico? El derecho debe y tiene que expresarse a través del uso del lenguaje común, reconociendo sus reglas y captando sus pautas. No se trata aquí, que el abogado requiera de “otra lengua” para poder expresarse, pero si requiere de un amplio vocabulario común y jurídico. El derecho como una ciencia social, necesariamente ha de expresarse en el lenguaje que la sociedad emplea.

Gran parte de la importancia de la redacción jurídica, no recae en investigar sobre la función expresiva del lenguaje, dado que lo trascendente y primordial aquí, es investigar los aportes del lenguaje jurídico y la comunicación que este logra transmitirnos.

En la obra de Hernández Gil, podemos reconocer cómo opera la función comunicativa del lenguaje jurídico, lo cual es muy diferente a la del lenguaje común, este autor afirma que: “El lenguaje y el derecho son productos culturales muy próximos entre sí.

La similitud radica en que el derecho está enunciado en el lenguaje; la ciencia jurídica tiene un objeto formulado lingüísticamente antes que aquello que lo describa. Pero la mayor sinonimia no consiste en esa reproducción verbal o estricta, sino en que el derecho, como el lenguaje, desempeña una función comunicativa en la convivencia social, por lo que es otro lenguaje.”

Es así como podemos notar que gran parte de la importancia en la redacción jurídica, recae en la función expresiva del lenguaje jurídico, de tal manera que el hecho que el derecho se exprese mediante el lenguaje común, pero que se comunique mediante un lenguaje no-común, es lo que hace que el lenguaje jurídico sea un lenguaje especial.

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