Vivir en comunidad no debería ser un combate diario. Pero pasa: gastos comunes que suben sin explicación, multas arbitrarias porque «alguien se quejó» o, lo peor, reparaciones urgentes que no se realizan. 

El Comité de Administración gasta miles en adornos innecesarios, mientras ignora las quejas sobre goteras y sientes que tu techo se cae a pedazos. Se convocan asambleas, pero son una pérdida de tiempo porque nadie decide nada. 

En resumen, sientes que la convivencia es un conflicto eterno, cada quien habla de sus propios problemas y el edificio cada día está peor.

 

     

    ¿Por qué, vivir en un edificio puede transformarse en un estrés permanente?

    En muchos edificios y condominios en Chile, el conflicto no empieza con un gran problema. Empieza con pequeños roces que nadie quiere enfrentar del todo. Una decisión postergada, una reparación urgente que se deja para después, un gasto mal explicado, y situaciones que no se resuelven en el momento “para evitar peleas”.

    Aquí es donde suelen aparecer los problemas con la administración del edificio, no porque falte normativa, sino porque falta dirección.

    Con el tiempo, el edificio entra en una dinámica peligrosa: nada se resuelve, pero todo se paga. Y esta situación termina convirtiéndose en un desgaste constante que afecta tanto la convivencia como el bolsillo de los copropietarios.

    ¿Dónde radica el problema?

    Muchos piensan que el conflicto gira solamente en torno al dinero. En la práctica, la realidad va mucho más allá, TIEMPO. Nadie decide, todo empeora y se incrementan los costos

    Se discute durante horas, pero no se vota nada relevante. Muchos co-propietarios prefieren callar para no discutir con sus vecinos. La administración ejecuta lo mínimo para no meterse en problemas. El Comité evita enfrentar ciertos temas para no dividir al edificio y todo queda “en evaluación”. 

    Frases que frenan cualquier avance “No se puede”, “siempre se ha hecho así”, “el reglamento no lo permite”, son comunes. Al final, un grupo reducido termina tomando (o bloqueando) decisiones que afectan a todos.

    Cuando un edificio se paraliza, los problemas no desaparecen. Se encarecen. Una filtración pequeña hoy puede convertirse en una reparación estructural mañana. Un ascensor que no se renueva a tiempo termina costando el doble. Lo que se quiso evitar por cansancio termina impactando directamente en los gastos comunes y en el valor del inmueble.

    ¿Cuándo el conflicto empieza a afectar el valor de tu propiedad?

    Te das cuenta que hay un punto en que el problema deja de ser solo convivencia, cuando observas:

    • Arrendatarios de corto plazo: La rotación aumenta y el cuidado del inmueble disminuye.
    • Edificios difíciles de vender: Los compradores perciben el desorden antes de preguntar por el precio.
    • Desvalorización silenciosa: El departamento sigue “ahí”, pero vale menos de lo que debería. Para quienes ven el inmueble como patrimonio, esta es la señal más clara de que algo no está funcionando.

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    ¿Cual es la salida?

    No todos los conflictos de copropiedad deben terminar en tribunales. Pero ninguno se resuelve solo. Sin embargo, la salida no es pelear más, es volver gobernable el edificio. Decisiones relevantes tomadas por pocos, información poco clara sobre gastos, amenazas de multas para imponer criterios o reformas urgentes frenadas por conflictos personales. No todos los conflictos nacen por mala fe, pero muchos terminan así.  

    En este punto, la Ley de Copropiedad Inmobiliaria deja de ser un texto lejano y se vuelve una herramienta clave. El problema es que mal usada solo agrava el conflicto, y bien utilizada puede destrabar años de parálisis.

    Aquí es donde una mediación en copropiedad bien planteada marca la diferencia. No para decidir quién tiene la razón, sino para:

    • Ordenar la toma de decisiones
    • Delimitar responsabilidades
    • Destrabar votaciones urgentes
    • Frenar abusos sin romper la convivencia

    El objetivo no es ganar una discusión, sino recuperar la capacidad de decidir como comunidad.

    Cierra el ciclo: tu hogar, tu paz

    Aunque no todos viven el conflicto desde el mismo lugar:

    • El copropietario cansado, paga, cumple y siente que nada mejora.
    • El miembro del Comité superado, intenta ordenar, pero termina atrapado entre bandos.
    • El inversionista preocupado, ve cómo el conflicto empieza a afectar el valor del inmueble.

    Este dolor inicial (la frustración, el aislamiento) puede convertirse en empoderamiento. No eres víctima; eres copropietario con derechos. Empieza hoy: revisa tu reglamento, contacta la SVS y propone una mediación. Si todos frenamos abusos y aprobamos reformas con diálogo, los edificios dejarán de ser campos de batalla para ser hogares verdaderos.

    En cualquier caso, dejar pasar el tiempo siempre juega en contra.

    Un edificio bloqueado pierde valor todos los días

    La copropiedad no debería ser una fuente constante de desgaste ni de conflicto permanente. En Becker Abogados, junto al abogado Alejandro Klock, abordamos estos problemas con un enfoque claro: ordenar la gestión, frenar abusos y proteger el patrimonio de los copropietarios, sin peleas eternas ni decisiones improvisadas.

    Si estás enfrentando problemas con la administración del edificio o un conflicto que lleva demasiado tiempo sin resolverse, no se trata de discutir más fuerte, sino de decidir mejor.

    Solicítanos una revisión del conflicto de tu edificio y deja de perder tiempo y dinero.